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Alain Geismar: “Mayo del 68 podría haber sido una masacre”

Alain Geismar era, en 1968, secretario general del Sindicato Nacional de Enseñanza Superior.

Fue, con Daniel Cohn-Bendit, del movimiento estudiantil 22 de marzo, y Jacques Sauvageot, vicepresidente de la Unión Nacional de Estudiantes, uno de los tres líderes del Mayo francés. Después cumplió 18 meses de cárcel por militar en un partido ilegal, Izquierda Proletaria.

Años más tarde fue inspector de enseñanza en el gobierno socialista de Lionel Jospin. Hoy es un pensionista de 78 años.

Esta entrevista se desarrolla en un café cercano al Centro Pompidou, en París.

P.-¿Fue Mayo del 68 una revolución?

R.- Depende de lo que sea para usted una revolución. Fue un movimiento que no puede juzgarse de forma aislada, sin tener en cuenta acontecimientos como las protestas contra la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles, el Verano del Amor en EEUU o la Primavera de Praga en Checoslovaquia. El caso es que una protesta de estudiantes e intelectuales fue acompañada de un tremendo movimiento social, con 10 millones de huelguistas.

P.-En la época, ustedes hablaban mucho de revolución.

R.- Sentíamos que las dimensiones del fenómeno eran revolucionarias. Antes de 1968, en Francia creíamos que una revolución sólo podía ser como las de 1789 o 1917. Y, a principios de 1968, antes de la revuelta, hablar de revolución sonaba francamente ridículo. Pero cuando ocurrió lo que ocurrió, es decir, la conjunción de jóvenes, universidades y obreros, todo pareció posible.

Ocurrían cosas extraordinarias. Le pongo un ejemplo anecdótico. Entonces yo era secretario general de un sindicato de profesores universitarios, SNE-Sup, y un grupo de ferroviarios vino a preguntarme si podían afiliarse porque les gustaba mucho ver a un dirigente sindical como yo subido a una barricada. Pero, ¿qué es una revolución? La palabra puede significar mucho o nada.

P.- Hay una peculiaridad francesa después de Mayo del 68. En otros países europeos, como Italia, Alemania o España, surgieron movimientos violentos. En Francia, no.

R.- En Francia no existían fuerzas políticas que propugnaran la acción violenta. También se daban circunstancias excepcionales. La guerra de Argelia había terminado hacía poco. Y cuando, en junio de 1968, los obreros de numerosas fábricas en huelga se negaron a volver al trabajo, la policía disparó. Hubo muertos. Los franceses recordaban el baño de sangre en que concluyó la Comuna de París en 1871. Durante la última semana de mayo de 1968 hubo movimientos de tropas extremadamente importantes alrededor de París, cosa que supimos mucho después, gracias a memorias como las de Édouard Balladur, entonces consejero del primer ministro Georges Pompidou. Un regimiento de tanques situado junto a París recibió la orden de armar los cañones. El Gauche Proletarienne (Izquierda Proletaria), el partido en el que yo militaba y que se encontraba probablemente en la extrema izquierda del espectro político, nunca pensó que nos correspondiera tomar la iniciativa ni encabezar un movimiento armado. La situación estaba demasiado crispada. Se corría riesgo de una carnicería

En Alemania se pensaba distinto. Andreas Baader, líder de la Fracción del Ejército Rojo, consideraba que el nazismo había destruido la clase obrera alemana y que su pequeña organización armada debía asumir el papel de la clase obrera. “Nosotros representamos la legitimidad revolucionaria”, decía. Fíjese en que los principales movimientos violentos se dieron en Alemania, Italia, España y Japón, países del bando fascista durante la Segunda Guerra Mundial: tenían una cultura política específica. Es una de las explicaciones posibles.

Por otra parte, en Francia nunca hubo ruptura entre los grupos revolucionarios y los intelectuales, y eso les mantuvo dentro de un cierto realismo. Los revolucionarios no se encerraron en su propia lógica.

P.- ¿Qué habría ocurrido si el prefecto de París en 1968, Maurice Grimaud, hubiera sido menos prudente?

R.-Sólo unos años antes, en 1962, el prefecto de París era Maurice Papon, un hombre que había participado en el exterminio de los judíos durante la guerra y ya como prefecto provocó la matanza de Charonne [nueve personas murieron en la estación de metro Charonne durante una manifestación]. Papon habría secundado las ideas del general De Gaulle, que quería reprimir con la máxima dureza. Grimaud, por suerte, había sido antes director general de la Policía, conocía bien a De Gaulle y sabía frenarle cuando hacía falta, algo a lo que muy pocos se atrevían. Sin Grimaud, Mayo del 68 podría haber sido una masacre.

P.- Usted era el adulto en el famoso trío Sauvageot-Geismar-Cohn Bendit. ¿Cómo eran las relaciones entre ustedes?

R.- Mantuvimos una relación excelente. Yo era profesor, pero joven, y por tanto tenía muy cercanos mis tiempos de estudiante. Formaba parte de una generación de enseñantes más cercanos a los estudiantes que a los viejos catedráticos de antes de la guerra. Queríamos, como los estudiantes, una renovación radical en la universidad. Yo era profesor de física, y la mecánica cuántica no se mencionaba hasta el tercer curso. ¡Shakespeare se enseñaba y se leía en francés! Era una universidad esclerótica, casi medieval.

Fue un movimiento que no puede juzgarse de forma aislada, sin tener en cuenta acontecimientos como las protestas contra la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles o la Primavera de Praga

P.- Usted escribió hace poco un libro, Mayo del 68, para rebatir a quienes culpan a Mayo del 68 de casi todos los males de la sociedad contemporánea. Y para rebatir, específicamente, a Nicolas Sarkozy.

R.- Durante muchos años, Mayo del 68 fue percibido casi universalmente como algo positivo. Supuso una liberación en el espíritu, en las costumbres, en las familias. Fue un salto hacia la modernidad. Cuando Valéry Giscard d’Estaing llegó a la presidencia, en 1974, dio el voto a los 18 años y legalizó el aborto… Incluso un hombre de derechas como él compartía algunas de nuestras ideas. Y un día aparece Sarkozy y dice que Mayo del 68 destruyó la familia, la jerarquía, los valores… Sarkozy tenía necesidad de un enemigo, algo muy habitual en política, y se lo construyó a medida: un Mayo del 68 diabólico, del que hizo una descripción apocalíptica.

P.- Pero el propio Sarkozy fue hijo de Mayo del 68. Antes de esa revuelta habría sido inconcebible elegir a un presidente divorciado.

R.- La señora De Gaulle no permitía que se sentaran a su mesa los ministros divorciados. ¿A eso querría volver Sarkozy? Ese hombre es un mentiroso profesional. Y se apoya en un grupo de intelectuales que escriben contra Mayo del 68, gente como Luc Ferry y otros, que argumentan que antes se vivía mejor.

Siempre fue percibido como algo positivo, un salto a la modernidad. Y un día aparece Sarkozy y dice que destruyó la familia, la jerarquía, los valores… Sarkozy tenía necesidad de un enemigo y se construyó a medida un Mayo del 68 diabólico

P.- ¿Cómo es posible la nostalgia por lo que existía antes de Mayo del 68?

R.- La derecha siempre ha sentido nostalgia por el antiguo régimen. Incluso hay monárquicos. Lo de Sarkozy es la cantinela de siempre, un poco actualizada.

P.- En 1981, François Mitterrand se convierte en el primer presidente de izquierdas. ¿Hubo relación entre su victoria y la revuelta de 1968?

R.- No se puede comprender Mayo del 68 sin tener en cuenta la lógica de la Guerra Fría, y no se puede comprender la presidencia de Mitterrand sin la deconstrucción de ésta. Hasta que cayó el comunismo soviético, a partir de 1989, vivíamos con la conciencia de que en cualquier momento podía comenzar una guerra capaz de destruir el planeta. Y creíamos que la Guerra Fría duraría para siempre. En cierta forma, Mayo del 68 fue uno de los primeros fenómenos de izquierda al margen del comunismo. No se puede imaginar lo excepcional que resultó la elección de un no comunista, yo, para la secretaría general de un sindicato universitario. Mitterrand abrazó al Partido Comunista para exterminarlo. El balance de los años de Mitterrand es, para mí, en parte bueno, por la construcción europea y la supresión de la pena de muerte. Mitterrand nunca me decepcionó, porque nunca esperé de él gran cosa.

P.- Usted participó en la campaña presidencial del socialista Lionel Jospin en 2002. Pero Jospin quedó por detrás del Frente Nacional.

R.- Creíamos que las ideas del Frente Nacional habían quedado desacreditadas para siempre después del nazismo y la guerra. Pero en política nada es para siempre.

P.- El Frente Nacional ha seguido creciendo. Y la izquierda ha desaparecido.

R.- Sí. Eso me llevó a votar a Emmanuel Macron desde la primera vuelta. Prefería evitar una segunda vuelta abominable entre un derechista como François Fillon y una ultraderechista como Marine Le Pen.

P.- ¿Cuál es la posición de Emmanuel Macron respecto a Mayo del 68?

R.- No lo sé, no frecuento el Elíseo. Mi amigo Daniel Cohn-Bendit va a veces por allí, pregúntele a él. Por lo que dice y hace, me parece que Macron asume que Mayo del 68 ocurrió y que ya no tiene discusión, como tampoco se discute que vivimos en un planeta redondo.

P.- ¿Lamenta alguna cosa de Mayo del 68?

R.- Que era joven y ya no lo soy. Hablando en serio, no sabría decirle. Puedo hablarle de lo que me enorgullece: tratamos de evitar que un partido político capitalizara la revuelta y lo conseguimos. Fue la sociedad francesa en conjunto la que asumió los resultados. Los metabolizó perfectamente. Las leyes laborales eran injustas, la universidad no funcionaba, las mujeres estaban oprimidas, la cultura era represiva… Había muchas cosas que no podían continuar y reventaron al mismo tiempo. Cada reventón tuvo un efecto multiplicador sobre los otros.

El salario mínimo aumentó en un 33% y eso fue tremendo, pero al año siguiente ya parecía normal, igual que los incrementos salariales de un 10%. Las secciones sindicales en las empresas se consiguieron entonces y hoy se consideran normales

P.- El movimiento social fue formidable. Usted lo ha dicho, más de 10 millones de trabajadores en huelga. Pero hoy, cuando se habla de Mayo del 68, se habla de un fenómeno cultural.

R.- Es un grave error. Quizá comprensible, porque cuando los trabajadores consiguen una victoria, se asimila enseguida. El salario mínimo aumentó en un 33% y eso fue tremendo, pero al año siguiente ya parecía normal, igual que los incrementos salariales de un 10%. Las secciones sindicales en las empresas se consiguieron entonces y hoy se consideran normales. Pero cuando las relaciones entre padres e hijos cambian, las consecuencias son profundas en la sociedad.

P.- La familia ha cambiado mucho a partir de 1968. Pero la reacción al cambio parece crecer. En Francia surgió el movimiento de la Manif pour Tous contra el matrimonio homosexual y contra el aborto.

R.- Sí, pero eso es típico de una cierta derecha. Estaban contra el divorcio, ahora la sociedad lo asume. Estaban contra el aborto, ahora la sociedad lo asume. Con el matrimonio homosexual está pasando lo mismo. Por otra parte, resulta absurdo protestar contra los derechos de los demás. Si estás contra el divorcio o el aborto, nadie te obliga a divorciarte o a abortar. ¿Para qué se meten en la vida de los otros?

P.- ¿Mantuvo relación después con Sauvageot y Cohn-Bendit?

R.- Con Sauvageot, menos. Acaba de morir, en un accidente de tráfico. Se marchó a vivir al sur, tenía un hijo muy enfermo. Sé que mantuvo durante años una actividad política discreta, en favor de Jacques Delors, y que se dedicó intensamente a la enseñanza. Dany y yo no nos vemos mucho, pero cada vez que lo hacemos el reencuentro es caluroso y cordial. Quedan amistad y respeto, y aún lo pasamos bien juntos.

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