Charles (Chuck) Gordon Blazer, exsecretario general de la Confederación Norte, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf), y señalado como el informante que ayudó a desnudar el escándalo conocido como el FIFA-Gate que terminó con la presidencia del suizo Joseph Blatter en la máxima institución del fútbol, falleció ayer a los 72 años. Padecía cáncer, diabetes e insuficiencia coronaria.

“Chuck tuvo la esperanza de ayudar a traer transparencia, credibilidad y juego limpio a la Concacaf, a la FIFA y al fútbol como un todo”, escribieron sus abogados Eric Corngold y Mary Mulligan, al informar de su deceso en un comunicado que publicó anoche el diario norteamericano The New York Times.

También conocido como Chuck Blazer, nació el 26 de abril de 1945 en Nueva York, y fue decisivo en el trabajo de Estados Unidos para obtener la sede del Mundial de 1994.

Además de este logro, se le atribuye haber elevado la pasión por el fútbol en Estados Unidos y fortalecido las finanzas de la Concacaf.

Su pasión por el fútbol nació al convertirse en el entrenador del equipo de New Rochelle, la escuela de su hijo en Nueva York. Ocho años después resultó electo vicepresidente ejecutivo de la Federación de Fútbol de los Estados Unidos.

Blazer, durante 22 años, de 1991 a 2013, fue la imagen del fútbol estadounidense y de la Concacaf y en los últimos tres años ayudó al Buró Federal de Investigaciones (FBI), principal rama de investigación criminal del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, a destapar la trama de corrupción en la FIFA.

El exmiembro del Comité Ejecutivo de la FIFA fue acusado en noviembre de 2013 de aceptar 20 millones de dólares de la Concacaf para un centro de desarrollo que pertenecía a miembros de su familia.

Accedió a colaborar con el Departamento de Justicia de Estados Unidos tras declararse culpable de 10 cargos entre los que se encuentran conspiración de crimen organizado, fraude electrónico, blanqueo de dinero, evasión de impuestos y por no presentar un balance de sus cuentas en bancos extranjeros.

El FBI lo convirtió en su informante durante la investigación contra los más altos ejecutivos de la FIFA y las pruebas más reveladoras, según se supo recientemente, las aportó con grabaciones de comprometedores diálogos que obtuvo con un micrófono oculto.

Con estos argumentos el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó cargos a un grupo de altos ejecutivos de la FIFA por soborno, corrupción y blanqueo de dinero.

fuente: ambito.com

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